Nota sobre coyuntura económica.
Actualmente, estamos sumidos en una crisis originada por la falta de ética, moralidad y respeto por los demás. Fruto de la codicia, la especulación, la insensatez y el sentimiento ignorante de pensar que se puede crecer de forma desmesurada, sin atender a los principios básicos de la productividad y el valor real de las cosas.
Que duda cabe, que los instrumentos de control fallaron una vez más. Tras superar crisis pasadas, los economistas pensamos que teníamos el conocimiento perfecto y las recetas adecuadas para sobreponernos con agilidad y rapidez ante cualquier síntoma de enfermedad que presentase la economía. Craso error; no atendimos a los sistemas regulatorios. No fortalecimos la normativa que impidiese generar nuevas burbujas. No implantamos los adecuados sistemas de control. En definitiva, no lo aprendimos todo.
Aquí es donde el estado debe imponer su ley, atendiendo siempre al bienestar de la ciudadanía, cuidando del pueblo allá donde la iniciativa privada no es capaz o no quiere regularse. Y si su intervención es vital para evitar la aparición de dichas crisis, también lo es para reducir al máximo la duración de las mismas. La experiencia nos demuestra que, a largo plazo, los mercados son capaces de ajustarse por sí mismos. A corto, es posible que necesiten algún incentivo; algunas políticas que, siendo eficientes, permitan estimular el consumo, la demanda y con ello la producción de las empresas y la creación de empleo.
En mi modesta opinión, en la toma de decisiones el proceso adecuado debe consistir en observar, evaluar y actuar, siguiendo esta secuencia y no otra. Observamos una crisis con epicentro en el sector financiero que arrastra al conjunto de la economía hacia una espiral de recesión y desempleo que se retroalimenta. Evaluamos y evidenciamos una falta de liquidez en el sistema derivada de la ausencia de confianza entre todos los agentes económicos. Es el momento de actuar, a través de los gobiernos, de forma rápida y eficiente para restablecer la capilaridad del sector financiero, incentivando las ayudas al tejido empresarial, por supuesto, entendiendo bien cómo es su composición y su funcionamiento. No hay recetas únicas ni mágicas, es un ejercicio de reflexión, de conocimiento profundo del problema, de la situación concreta, del entorno y de aplicar mucho, pero que mucho, sentido común.
Wenceslao Sevillano Rodríguez
Controller de Operaciones de ONO
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